Luna nueva

El tabú de La Copa

Hoy, en nuestro artículo de Luna Nueva, nos interesa fluír con la energía de esta luna introspectiva e ir hacia las profundidades. La luna nueva simboliza una muerte simbólica (donde las energías van hacia adentro, nos demandan tiempo de calidad para frenar, para reflexionar, para descansar, para culminar algún proceso). Es una luna oscura, sin luz, una luna que nos lleva a cerrar los ojos. No podemos ver hacia afuera, entonces nos miramos a nosotras mismas. Y nosotras, que hablamos, escribimos y militamos el uso de la copa menstrual,  decidimos darnos el lugar para reflexionar justamente sobre la sombra de la copa y sobre su invento como acontecimiento histórico político. ¿Querés saber cómo nace la copa menstrual y por qué representa un tabú?

Durante el siglo XIX, algunos hombres se encomendaron a la tarea de diseñar dispositivos que permitieran a las mujeres lidiar con su periodo menstrual, de forma más higiénica que las compresas o paños de tela. Estos primeros inventos fueron fabricados con materiales metálicos que eran muy pesados, e incluso llegaban a ser agresivos para el cuerpo femenino. Por esa razón, todos los intentos fueron fallidos y estos dispositivos nunca llegaron a ser utilizados o, al menos, no parece haber evidencia de que así haya sido.

Décadas más tarde, en 1937, la actriz estadounidense Leona Chalmers patentó un nuevo dispositivo: la copa menstrual. Se trataba de un novedoso artículo en forma de copa que, al ubicarse dentro del conducto vaginal, recogía el flujo menstrual en lugar de absorberlo. Debía ser fabricado con caucho y dos empresas que utilizaban este material, rápidamente comenzaron a elaborarlos con unos modelos que empezarían a producirse en serie al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Pero ninguno de estos modelos tuvo éxito, por varias razones. Los fabricantes explicaron que la producción de la copa se estancó debido a la crisis del caucho y la escasez del material. Sin embargo, popularmente se dice que la razón por la cual se dejó de producir la copa menstrual fue debido a la incomodidad que sentían las mujeres frente al producto, por su diseño pesado y duro, y que además, requería que manipularan el objeto en sus partes íntimas, se tocaran,  todo un tabú para la época.

Otra razón para el fracaso pudo ser la competencia que en ese momento representó la invención de los tampones, un producto que ofrecía a las mujeres la oportunidad de ignorar e invisibilizar su sangrado menstrual, en una época en la que, según el Museo de la Menstruación, se afianzó el concepto de ‘feminidad’.  El tampón no solo permitía que las mujeres no vieran directamente su sangrado, sino que gracias al aplicador, tampoco tenían necesidad de tocarse para introducirlo. Los publicistas de los productos de higiene menstrual se sirvieron del término “feminidad” con el fin de que las mujeres “fueran delicadas y exquisitas y evitaran palabras y acciones, incluidas las secreciones del cuerpo”. A partir de ese momento, el mercado de productos de higiene menstrual vincula “feminidad” con “invisibilidad de la sangre menstrual”.

Cabe resaltar que los tampones triunfaron en el mercado, a pesar de las objeciones de distintos médicos que no creían que fueran buenos para la salud. Sin embargo, su éxito no frenó del todo a la copa, de la que se hicieron más modelos para ver si lograban encajar con aquel concepto de la ‘feminidad’. Leona Chalmers se dedicó a perfeccionar su invento de la mano de diversos ginecólogos y su nueva patente del dispositivo ‘Tassette’ fue comprada por su compañero de investigación Robert P. Oreck.

Oreck se encargó de demostrar que se trataba de un producto higiénico desarrollando un tratamiento antibacterial para la copa y así persuadir a la comunidad médica. Por otro lado, realizó una campaña intensa de mercadeo y publicidad que les mostraba a las mujeres las ventajas económicas que implicaba la copa en comparación con los tampones, ya que se trataba de un dispositivo reutilizable por varios años.

En la década del 60, el médico de la Asociación de Ginecólogos y Obstetras, Eduardo F. Peña, hizo varias pruebas con la copa menstrual y su calificación fue positiva. “El uso de la copa es higiénico en cuanto a que evita las infecciones asociadas comúnmente a la utilización de toallas higiénicas y tampones”, dijo en unas declaraciones que causaron polémica, pero no lograron detener el crecimiento de la clientela del dispositivo. La copa ganó popularidad recién en los años 80, con la aparición de un nuevo material, la silicona médica.

Leona Chalmers nos abrió un camino para una menstruación consciente y ecológica, con un invento tan revolucionario, que aún hoy, nos demanda de paciencia y perseverancia para hacer circular sus ventajas. Estamos en Argentina, pasaron 80 años, y todavía el uso de la copa menstrual presta resistencias y representa un tabú social. ¿Cuál es precisamente ese tabú? ¿Viene de manos de las mujeres menstruantes que no se animan a usarla? ¿Viene de manos de la gran industria de productos desechables de higiene menstrual que monopoliza el mercado? ¿O sigue siendo una incomodidad para las mujeres del 2017 manipular un “objeto” en nuestras partes íntimas? ¿Nos genera dudas y desconocimiento anatómico introducir algo en nuestra vagina? ¿Sabemos “hasta dónde” llega la copa y cómo es el interior de nuestro cuerpo?

Seguimos pensando…en la próxima luna, con nuestra próxima nota, continuaremos reflexionando sobre el tabú de la copa y la sangre menstrual.

Lorenza Piazzi
de Tienda Puente Lunar
para Me Luna Argentina